miércoles, 23 de septiembre de 2009

Cambio!



Entre entrevista trampa y entrevista absurda tuve una que me dio buenas sensaciones. El puesto era para coordinador y el lugar de trabajo a cien metros de donde estaba trabajando. Lo malo es que me llamaron el mismo día de la entrevista, que era a las 16 y yo salía a las 14. Tras pensarlo mucho vine a casa para 60 minutos. Tampoco era plan de ir en bermudas y barba de dos semanas, así que aproveché para cambiar mi look. Cuando me subí a la Speedfight parecía otra persona, un tipo formal.
Llego diez minutos antes y me hacen rellenar una ficha con datos personales, un resumen del curriculum y cuarto o cinco tonterías más. Que una entrevista empiece así no augura nada bueno, ya traigo cuatro folios con todo mi historial, exactamente lo que me habían pedido horas antes.
Al rato sale un chica y me invita a sentarme en una mesa al lado de recepción.

- Vamos a empezar hablando de tu experiencia laboral.

Le digo lo mismo que le acabo de escribir, lo mismo que dice el curriculum que le acabo de entregar, lo mismo que ponía en mi ficha de la página web de empleo. Ella asiente y hablamos de las tareas que hacía en mis puestos de trabajo, de mis opiniones (semi-censuradas) de los sitios en los que he trabajado y de en que me gustaría trabajar. Piloto de cazas, director de cine, francotirador.

- Ahora mismo tenemos dos puestos que ofrecerte. Uno es de coordinador, con las mismas funciones que has hecho pero para una campaña de emisión. El otro es de administrativo para otra campaña también de emisión, pero en un sector que conoces bien.
- En principio cualquiera de las dos opciones me interesan. Como coordinador puedo aportar experiencia pero puedo hacer los dos trabajos.
- Por lo que hemos hablado te veo más en el de administrativo, pero puedes elegir.
- Sí, yo creo que como administrativo estaría mejor.

La verdad es que no tengo mucho interés en volver a ser coordinador, es estar en un fuego cruzado entre tus superiores y tus agentes. No le puedes dar la razón a uno porque el otro se enfada. Unos te piden y los otros no te dan.

- Lo único es que según convenio el sueldo de administrativo es más bajo que el de coordinador.
- No hay problema - digo, después de pensarlo unos segundos. Unos 90 euros menos compensan con vivir algo más tranquilo.
- ¿Y de sistemas informáticos como andas?
- Muy bien. Controlo bien el excel (rezo porque no me pongan una prueba ridícula como la del distribuidor aquel) y los sistemas internos que teníamos en Vodafone. Centre Vu, Clarify...
- ¿Eres bueno con el Clarify?
- Posiblemente no hay en esta ciudad nadie mejor que yo con ese programa - suena chulo pero puede ser cierto. Le he dado doscientas vueltas y he apretado todas las teclas. Es uno de los programas más lentos del planeta, pero contengo el comentario.
- Eso nos puede venir muy bien - dice, mirando a su derecha. En el puesto de recepción ha aparecido una persona que no he visto entrar.
- Aprovechando que está aquí voy a presentarte a la jefa de servicios.

Nos saludamos y se sienta junto a la entrevistadora.

- Me ha gustado mucho lo que he oído. Vamos a empezar una campaña y no tenemos ni idea de Clarify, necesitamos a alguien que controle el programa y tu das muy bien el perfil.

La entrevista continua un rato más y me confirman que están muy interesados en que trabaje para ellos y que si quiero el puesto de administrativo es mío. Les digo que tengo que preavisar en Iberdrola y me comentan que aun no tienen claro cuando va a empezar la campaña, que me mantendrán informado e intentarán avisarme en cuanto tengan noticias para que pueda avisar.

Bajo los diez pisos en el ascensor futurista pensando que seguro que pasará algo y que al final no saldrá bien, que todo es sospechosamente agradable. Las instalaciones son nuevas, los ordenadores impecables, tienen toda la décima planta de un edificio de lujo y parecen amables. No me creo nada.
Salgo con la tarjeta de visitante y me despido de la recepcionista.

Era cuestión de esperar.

miércoles, 12 de agosto de 2009

The Valencia Earphone Massacre



Es día 30. Nuestro periodo de prueba acaba hoy, si pasamos las seis horas que quedan seremos oficialmente trabajadores con contrato de obra, lo que en el telemarketing significa que estás blindado. Hablo por experiencia, yo he intentado tirar a unos cuantos teleoperadores que hacían lo que le salía de las narices y jamás lo conseguí. Es imposible.

En mi primera pausa visual me encuentro con una de mis compañeras de curso, ya de por si histérica.

- ¿Crees que nos van a tirar? - en treinta días me ha hecho esa pregunta unas dos mil doscientas veinte veces.
- No tiene pinta, la verdad. Si han estado ofreciendo ampliaciones de horario es porque necesitan a gente. Y no nos hemos tragado seis semanas de curso para que ahora nos larguen - le repito casi literalmente lo mismo que le he dicho desde la primera vez que me preguntó.
- Es que Vicente dice que hoy nos vamos todos a la calle.

Vicente es mi excompañero de almuerzos, veinte minutos que ya no compartimos porque ha ampliado horario y le han cambiado las pausas. Está deseando que lo tiren, para cobrar el paro y olvidarse de esto.

Vuelvo a mi sitio y la mañana transcurre como siempre. Gente que no paga, gente a la que le cortan el suministro, gente que quiere pagar hoy mismo.

En la segunda pausa me encuentro con Vicente y otra chica de nuestra promoción. Me uno a su marujeo.

- Tio, no le digas a ciertas personas que nos van a tirar seguro que luego me taladran a mi.
- A todos no, pero muchos nos vamos a la calle hoy. Yo entre ellos.
- Veo que mantienes intacta la fe.
- Ya verás.

Sobre las doce me tomo mi penúltima pausa y veo cierto movimiento. La verdad es que el es puesto que me ha tocado esta semana no me entero de nada, estoy en un rincón cerca de una ventana y me paso la mañana sin saber que pasa en el resto de la plataforma, pueden estar acuchillándose con cutters oxidados que hasta que no se acercaran a pincharme yo seguiría tan feliz.

- Han empezado a llamar a la gente - me dice Lorena. Mala leche, directa, un poco chula. Me cae genial, la verdad.
- ¿Cuándo?
- Hace un cuarto de hora. Se los llevan al despacho del tipo ese de traje y salen con una hoja.
- ¿Cuántos?
- De momento cinco o seis, pero creo que vamos todos.

Menudos hijos del demonio, pienso en voz alta. Paso por que nos tiren el último día, en Cutretech también se hacía así. Apuran hasta lo que les permite la ley. Pero por lo menos allí avisaban a primera hora, no te tenías que comer un último día con esa intranquila sensación de no saber si van a venir a por ti o no. Y te pagaban el día, tenían esa delicadeza. Aquí ni eso.
Vuelvo a mi micromundo y subo el asiento, para tener una vista panorámica de la película.

Siguen desfilando. Me paso las llamadas mirando a mi espalda, esperando que alguien venga a por mi. Son las 13:20 y aquí no aparece nadie. Última pausa. Me la tomo en el puesto, para que me vean lo menos posible.

Llegan las 14:00 y me desconecto del teléfono. Camino despacio, en linea recta. Me encuentro con Roberto que me dice que a el tampoco le han dicho nada. Firmamos la salida lo más rápido que nuestro estilo caligráfico nos permite y salimos por la puerta, acelerando el paso. Bajo nos encontramos con cuatro de las chica a las que han tirado. Me enseñan la carta "no supera el periodo de prueba". Lo de siempre, yo mismo he dado unas cuantas igual a esta.

- No nos han dado ninguna explicación. No damos el perfil.

Es cierto que algunos casos se veían venir desde el primer día de curso. Otros eran más dudosos y tres o cuatro injustos. Todos a los que han tirado había firmado ampliación de horario. Igual no les gusta la gente que tiene ganas de trabajar. Me despido de ellas y les deseo suerte en lo que vayan a hacer. Todas afirman que querían que las tiraran, que el trabajo era una mierda y las condiciones pésimas.
Con un mes de experiencia, una vez adaptado, para mi el trabajo no está nada mal. Haces tus seis horas, nadie te dice nada, (al menos a mi. Un día pregunté si me podían dar la media de mis tiempos de llamada y me dijeron que no) la responsabilidad es nula y las mañanas se pasan rápidas. Es cierto que si levantas la mano puede venir una bestia parda a atenderte, pero eso tiene fácil solución. Apáñatelas como puedas.

No sé que tipo de trabajo buscará esta gente, pero creo que los puestos de ricos y famosos están todos ocupados.

jueves, 23 de julio de 2009

La prima lejana de Juan Connor



Hay una tipa que debe ser de planificación, que me suena una barbaridad. El problema es que con tantos años trabajando de coordinador en el maravilloso mundo del telemarketing hacen que te olvides por completo de los nombres de las personas, de donde y cuando las has conocido, de esas personas que te saludan en la Fnac y que trás cinco minutos de conversación evitando nombres y lugares sigues sin saber de que demonios las conoces.
Además, su aspecto no ayuda. Ojos caídos, nula sonrisa, pelo liso, lupas de pasta. Y yo que sé.

El caso es que hoy, en mi primera pausa visual, a eso de las 8:58 ha venido a buscarme al office (office = sala de descanso).

- Llevas 8 minutos en pausa.
- Imposible. Llevo dos y medio - le contesto enseñándole mi cronómetro. Mi compañero de descansos me mira extrañado. El ha salido unos segundos antes.
La tipa me mira raro y sale por la puerta. Le sigo. Le digo que cronometro todas mis pausas pero parece no escucharme. A medio camino me paro, estoy desperdiciando mi pausa visual.

- No me ha dicho nada más, parece que ha dado el mensaje y se ha autoprogramado - le digo a mi compañero mientras vamos hacia nuestros puestos.

En el mio me espera McKein, con su voz ronca y sus frases siempre amables.

- Estas nueve minutos en pausa visual. Conéctate ya!
- Estoy cuatro y me queda uno, a no ser que los relojes Casio se ralenticen - le digo enfadado, enseñándole el cronómetro. Por la forma en la que me mira parece que no ha visto un reloj digital en su vida.
- Bueno, conéctate.
- Me conectaré cuando el Casio marque cinco minutos exactos.

Los marca y me conecto. Y entonces me doy cuenta de todo. Esa tipa es la prima lejana de Juan Connor. Por eso me sonaba, la conocí en el futuro. Juan la envió para evitaría mi inminente despido generado por las máquinas, en concreto por los ordenadores último modelo de la empresa. Por eso me cuesta tanto entrar en el sistema cada mañana. Por eso cada vez que pulso el acceso directo para ver una factura puedo echar una cabezadita.

La prima de Juan Connor. El futuro tiene muy mala pinta.

martes, 21 de julio de 2009

It's raining, man




Son las 4 de la mañana y estoy despierto, mirando por la ventana de la habitación como caen gotas con forma de m&ms. Tarde o temprano tenía que pasar, en Valencia no llueve casi nunca, pero cuando lo hace deja en evidencia lo poco que pensaron los que asfaltaron las calles. Cambio la hora del despertador y vuelvo a dormir, con un poco de suerte me despierto y no llueve.

Son las 6:30 y no, no ha parado. Para darle emoción a la cosa de vez en cuando para y a los pocos segundos vuelve a empezar. Me voy al ordenador a ver las noticias. A las 7:00 saco la mano por el balcón y estoy convencido que va a parar. A las 7:20 llueve a cántaros. Tendré que pillar el bus de la muerte. Si he de palmar por lo menos que sea antes de entrar a trabajar.

A las 7:32 una señora saca la mano y hace el gesto de parada al conductor. El tipo la ve y acelera. La mujer y un hombre calvo con un paraguas gigante se cagan en todos sus familiares y sus muertos recientes. Dos minutos después subimos a otro bus.
A medio camino deja de llover. Sé que ya no lloverá en lo que queda de día.

Antes de llegar a la parada del metro el autobus de la muerte toma un camino alternativo. Alucino por unos segundos, hasta que caigo en la cuenta de es imposible que no llegue tarde, así que me dispongo a disfrutar de la aventura. A ver a donde me lleva. Un rato después un ecuatoriano solicita la parada y veo una estación de metro. Le sigo, ciegamente.

El billete me parece caro, euro y cuarenta por un trayecto tan corto es un robo. Son las 7:54 y el panel anuncia una parada a las 7:56. Llega y en el luminoso pone que va a Paterna. Dudo. Decido no subirme. Se va y miro el plano. Sí, era mi metro.
Paco Martinez Soria levanta el pulgar en su tumba.

Llega otro metro, no es el mio. Son las 8:01.

A las 8:04 llega otro que no marca Paterna pero ya me da igual. Subo. Acierto. A las 8:16 salgo de la estación subterranea. Un sol radiante me recibe en la superficie. Utilizo las escaleras, me doy tiempo para pensar si avisar que he llegado tarde o intento entrar reptando hasta el puesto que tenía ayer. Sí, tengo que recorrer más de media plataforma, lo sé.

Entro y no digo hola a nadie, analizo la zona y encuentro la ruta menos concurrida. Me siento en el puesto como si estuviera jugando a las sillas musicales con una remezcla de Fatboy Slim. El ordenador tarda menos de la normal y a las 8:43 atiendo mi primera llamada.

En el descanso me acerco a las firmas y una de las coordinadoras ve mis intenciones.

- No había firmado.
- ¿A qué hora te has conectado al teléfono?
- A las 8, como siempre. Se me ha pasado firmar porque he estado iniciando el ordenador.
- Ah. Vale.

No lo hago por los 20 minutos de retraso. En mi nómina equivalen aproximadamente a un 1,63€. Es solo una demostración más de mi teoría. Si uno de mis compañeros de curso le cantara el "Hallelujah" de Leonard Cohen en la versión del gran Jeff Buckley a un cliente mientras este le insulta porque un operario le está cortando el suministro, el resultado sería el mismo.

A las 13:52, mientras guardo mis apuntes en la bolsa y apuro la última llamada del día, mi coordinadora se situa a mi espalda. Vale. Son mejores de lo que pensaba, les he menospreciado.

- Santiago, ¿te interesa ampliar horario?
- ¿Perdón?
- Sí, ampliar horario. Puede a ser 7 u 8 horas diarios, solo para agosto o para siempre.
- En principio no, pero mañana te lo confirmo.
- Muy bien.

El mal siempre gana.

martes, 7 de julio de 2009

Day 5: the groundhog hour



Llego arrastrando los pies, apurando cada escalón. Son las 7:58 y es inevitable. Pregunto si tengo que sentarme en el mismo sitio que la semana pasada y me dicen que no, que el dueño del puesto ha vuelto de donde quiera que estuviera.
Trás consultar listados me ponen cerca del resto de mis compañeros de curso, parece que se van dando cuenta de que separarnos tanto solo provoca que tenga que andar más.
Enciendo el ordenador, me conecto al teléfono. Son las 8:03.

A las 9:00 el ordenador sigue en un fondo de pantalla de Windows, ese que es una foto de un campo perfecto. Supongo que a alguien le parecerá relajante, pero estar mirándolo durante una hora, pulsando cada diez minutos al icono del programa de gestión lo convierte en alucinógeno. A las 8:30 empiezo a ver al Teletubbie morado, con esos movimientos tan naturales. A las 8:42 salen sus tres colegas y empiezan a bailar, el sol con la cara de Jabba the Hutt sonríe feliz.
A las 9:02 me levanto y pregunto si puedo cambiarme de sitio. Me doy cuenta de que el único que está preocupado porque no estoy atendiendo llamadas soy yo. Me dicen que no, que espere. Vuelvo a Teletubbielandia y me encuentro que el paisaje idílico ha desaparecido y en su lugar hay una pantalla que no me suena de nada, pidiéndome un usuario y un password. No hay problema, el primer día me dieron muchos.
A las 9:18 empiezo a trabajar.

Es el día siguiente y llego arrastrando los pies, apurando cada escalón. Pregunto si tengo que sentarme en el mismo sitio y me dicen que sí. Una voz sale de la pantalla aún apagada. ¡Una abrassadaaaa!
Seguro que el ordenador hoy no me hace la misma jugada, pienso.
A las 8:25 sé que esto va para largo y me lo tomo con filosofía. Levanto la mano y viene una mujer con cara de susto permanente, luego una de las pequeñas Jabbas y por último una con mala leche (que parece que es la informática del equipo Hutts)
Deciden que lo mejor es botonazo y reiniciar. Yo les digo que eso ya lo he hecho pero no me hacen mucho caso. A las 8:50 me levanto y voy hacia ellas:

- Esto no va. ¿Puedo tirar el ordenador por la ventana?
- No.
- ¿Los comprasteis a la NASA, verdad?
- ¿El qué?
- Los ordenadores.
- No.

Les digo que yo no vuelvo a ponerme delante de esa pantalla y me buscan otro sitio. A las 9:21 empiezo a trabajar.

La nueva zona no está mal, la gente que tienes al lado atiende llamadas (a la tipa que tenía a la izquierda en la zona empresas le entraba una cada 20 minutos) y si levantas la mano en lugar de tardar 15 minutos tardan 12. Algunas coordinadoras/supervisoras/loquesean te miran como personas normales y hasta he conocido a una agradable.

A las 14:00 todo el mundo es maravilloso.

domingo, 5 de julio de 2009

Day 3: The Frankenstein's tactic (or How to be a Predator)



Lo mejor es pasar desapercibido. Se lo decía a mis compañeros de curso en nuestros almuerzos de tostadas y cafe con leche (o zumo). Que sepan tu nombre y poco más. Preguntar poco, mimetizarte con tu pequeño cobículo. Yo he llevado esa filosofía hasta el extremo, tanto que el segundo día trajeron el contrato para que lo firmáramos a la salida y todos lo hicieron menos yo. No hacer ruido. Entrar y salir.

La mañana pasa relativamente rápida, el descanso de 20 minutos es muy entretenido, uno de mis colegas de promoción está deseando que lo tiren desde última palabra de la primera llamada que atendió y me cuenta las barbaridades que va haciendo. Llamadas de 35 minutos, irse en pausa en lugar que en descanso...No quiero desanimarle, pero me temo que si se ahorcara con el cable del teléfono solo se darían cuenta porque la persona que ocupa su sitio por la tarde se quejaría de que está ocupado.

Yo tengo otro tipo de problemas. Mis llamadas son rápidas, puede que demasiado. La gente a la que me toca atender se queda contentísima, pero como el sistema va cuando le apetece y tampoco lo controlo demasiado, hay veces que me dejo las cosas a medio hacer. Solución: he descubirto un nuevo modo de pausa. "Trabajo administrativo" se llama. De momento lo he utilizado un par de veces y nadie me ha dicho nada, así que hasta que llegue el toque de atención pulsaré el botón en situaciones desesperadas.

Ah, y he levantado la mano, no he podido evitarlo. Pregunto a un tipo rapado, con cara de jugador de baloncesto serbio. No sé si es coordinador, supervisor o jefe supremo de los operadores de la Haya. Pero puedo asegurar que es la alegría hecha carne y hueso. La cosa ha sido más o menos así:

- Hola. Mira, a esta mujer le han cortado el suministro por deuda y ha pagado, quiere que le volvamos a reconectar...
- ¿Tienes el manual?
- ¿Cual de los dos?
- Los dos.
- Sí.
- Busca "devolver a la vida" y así es como se hace.
- Genial. Muchas gracias.

La respuesta me suena del curso, sé que lo hemos dado pero son 900 páginas y a la 400 me pregunto si el tipo no tiene ni idea de como se hace o si su madre lo abandonó en la puerta de EuroDisney y lo han criado personas disfrazadas de ratones gigantes. Decido que paso de seguir buscando, si al calvo no le importa si lo hago bien o mal a mi menos.

A la salida, mi compañero de almuerzos me comenta que han empezado la segunda ronda de cursos de incorporación, que en lugar de durar mes y medio duran dos semanas.
Parece que alguien se ha decidido a pensar con un poco de lógica. Total, se van a enterar lo mismo y van a dejar de perder cuatro semanas de sus (seguro) interesantes vidas.

jueves, 2 de julio de 2009

Day 1: This is Sparta!!!



Llego a las 7:52, nos dijeron que entráramos un poco antes para que nos dieran usuarios, contraseñas y demás datos vitales. A las 8:10 sigo esperando que me situen, algunos de mis compañeros de curso están ya sentados y como nos temiamos cada uno se va a sentar en un extremo. Primer gran acierto estratégico, tienes a 20 nuevos y los separas tanto te permite el mapa. O les da exactamente igual como lo hagamos o confían ciegamente en nosotros.
A las 8:18 me sientan en una zona que parece de atención a empresas. Enciendo el ordenador y como es lógico ninguno de los passwords funciona. Viene un técnico gigante, luego otro muy canijo y al rato consiguen pasar de la pantalla de inicio de Windows.
A las 8:50 empiezo a atender llamadas. Me doy cuenta de que lo hago mejor de lo que me esperaba, aunque la sensación de inquietud que te dan los dos programas que no funcionan me pone un poco nervioso. La gente pregunta y yo voy tirando de manual. Una mujer me pregunta por el talón de pago de su factura y eso solo se puede mirar por uno de los programas que no va. Levanto la mano. La estatua de la libertad sonríe en NY, sabe que con una antorcha la postura es mucho menos ridícula. A los 15 minutos aparece un ser de silueta extraña, con cara de bulldog. Con un tono mezcla de odio e indiferencia me dice que eso no lo hacemos nosotros, que le remita a otro número. Se lo digo a la mujer (que lleva esperando 24 minutos) y esta, incrédula, me dice que es el mismo que ha marcado para hablar conmigo.

Me prometo a mi mismo no preguntar más.

Al final consigo los datos gracias al bendito manual. Levanto la cabeza para ver que tal les va a mis compañeros esparcidos por la pequeña tierra media. Las pocas caras que reconozco están flipándolo.

Esta gente nos odia a muerte. La historia es la siguiente, su empresa ha perdido el servicio que prestaban y la que nos ha contratado a nosotros se ha quedado con la campaña. La nueva empresa ha contratado a todos los que trabajaban en la antigua (que les finiquitó y estos trabajadores se han llevado una pasta)pero a estos algo les huele mal. Los cuatro desgraciados que entramos nuevos lo hacemos en horarios que muchos de estos animalitos querían y parece que tengamos la culpa. Ahora todos tenemos la misma antiguedad, así que no tienen preferencia horaria. Lo siento tanto...

La mañana sigue y voy resolviendo las llamadas como puedo, en un par de ocasiones tengo que cruzar los brazos para no levantar la mano. Una de mis compañeras de curso, la que tengo más cerca, no para de preguntar y la cara de asco con que la miran es para hacerles una foto y enviarlas a uno de esos programas de fotos de mascotas.
Si yo en 8 años de coordinador llego a atender así a algún agente incorporado ese mismo día me hubiera llevado una bronca de las que hacen historia. Aquí parece que lo raro es tratar a la gente con educación.

A las 14:00 cuando voy a firmar la salida me quedo mirando al grupo de encantos que tan amablemente nos han ayudado. La cabecilla mide 1,50 y pesa como yo. Y entonces me doy cuenta de todo. Para ascender en la empresa tienes que comprometerte a parecerte cada día un poco más a Java el Hutt.

Bajo los cuatro pisos por las escaleras, pensando en lo mal que lo pasó el pobre Han Solo, en Chewie y Leia, cuando fallaron en su rescate. En Luke y el redimido Lando Calrissian. En la estatua de la libertad, con la mano levantada y el manual pegado al pecho.